miércoles, 21 de octubre de 2015

Día de los Fieles Difuntos


(Foto AP/David von Blohn)
 
México no se parece a ninguno, es único. Tiene tus caballos y tus guitarras si por ahí andan sacándose los corazones. Se bautizó desde hace mucho con lluvia franciscana y en pago rindió sus ídolos de oro.
En un día quieto hasta para los pájaros, cuando el silencio se ha tragado hasta los autos, se escucha todavía algún pregonero en la calle, contándole a gritos al oriente, de la mercancía que lleva vendiendo.
Aquí es México, con sus 4 puntos cardinales trazados sobre códices de amate, que apuntan hacia las direcciones del universo; cuatro juntados para formar en el centro el cinco, que nombra al portal de lo divino, que lleva para arriba o para abajo, adonde ya no pasan los hombres mientras recorren el plano terrenal. Las cruces que ya estaban, la Cruz que acudió.
En esta tierra amable se sabe que la pobreza sirve, es de utilidad, pues enseña a jugar a los niños a ser mayores, se sabe que la riqueza es sólo delirio, carcajada, y el poder locura pasajera. Cada año nuestros muertos nos lo recuerdan, en la fiesta de los vivos para los muertos, que por un día viven, comen y beben, y portando crucifijos vienen fieles a ahuyentar el mal.
Es durante noviembre, a principios, cuando todavía caen algunas lluvias, las últimas, que riegan los camposantos, cuando las ciudades recuerdan su fama palaciega y se ponen a asustar a la gente con leyendas barrocas, y aunque en los pueblos también espantan, pues tienen a sus ánimas propias, preferimos vestir atuendos de adulto y con rostro sobrio ofrecemos a nuestros muertos altares de flores de cempasúchil, amarillas como la luz, redondas como soles, que iluminen los caminos a los fieles difuntos, guiándoles hacia la salida del purgatorio.

sábado, 22 de agosto de 2015

El origen de la radio


«Aquellos locos años 20» se escucha como una melodía pastosa, entre el ruido sobrante dejado por los surcos de aquellos discos de goma que se tocaban en gramófonos. Debo decir que se escucha como una música feliz; te queda una sensación agradable seguir con un bamboleo de cabeza el ritmo bailable de las trompetas, los violines y la pianola entre sacudidas de platillos. Debe ser la post guerra que lanzaba a hombres y mujeres por igual al júbilo de las calles. Te hace imaginar a las mujeres revoloteando sus falditas, a los actores de cine que no se decían nada y los cómics en blanco y negro. El ruido dejado por la aguja al recorrer los surcos del disco te hace saber que se trata de una pieza auténtica de aquella época. Se parece mucho al ruido que nos llega desde el espacio exterior por medio de las ondas de radio. Dicen los científicos que ese ruido que se escucha cuando tratamos de sintonizar alguna estación en nuestro aparato de radio, son ondas electromagnéticas que nos están llegando con varios miles de millones de años de retraso desde que se emitieron por primera vez en algún punto del universo, ondas de radio de la misma manera que hay ondas ultravioleta, infrarrojas, rayos X  o rayos gama, y las cuales caben todas en el llamado espectro electromagnético. Así parece llegar ahora este sonido desde los lejanos y locos años 20, esta vez por un canal llamado Internet, de un hombre llamado Jack Smith que se hiciera popular cantando con voz de barítono y que nos dice susurrando desde el Bronx neoyorquino «♫...las mejores cosas de la vida son gratis ♫».

sábado, 23 de mayo de 2015

Como quien oye llover

Óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída, pasos leves,

llovizna, agua que es aire, aire que es tiempo,

el día no acaba de irse, la noche no llega todavía,

figuraciones de la niebla al doblar la...

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jueves, 14 de mayo de 2015

miércoles, 2 de octubre de 2013

UAQ homenajeará a Poniatowska con la lectura pública de La Noche de Tlatelolco | Diario Rotativo

La Universidad Autónoma de Querétaro rendirá hoy un homenaje a la escritora mexicana Elena Poniatowska, convocando a la lectura pública de su libro "La Noche de Tlatelolco", para recordar el movimiento social estudiantil del '68.

UAQ homenajeará a Poniatowska con la lectura pública de La Noche de Tlatelolco | Diario Rotativo

miércoles, 12 de enero de 2011

Energizante


Energía vital.
Suena como un ferrocarril a toda marcha o como una estampida de tráileres o como cualquier otra cosa que genere una cuantiosa cantidad de decibeles. Es energía. Hace que todo alrededor se mueva  y que el piso se quiera desclavar. Damas y caballeros, es el grupo Metálica, acompañado del vigor que siempre inyecta a sus composiciones. Multivitamínico que puedes beber por la mañana y te hará rendir durante todo el &/%#” día.
Y ahora cuentan con un ingrediente extra: un bajista de origen mexicano —nacido en California pero de madre leonesa—, cuya sola presencia ya te hace pensar en la “Mole” de los 4 fantásticos; que se pasea por el escenario flotando al son de su explosivo sonido; en ese escenario donde se reúnen los sudorosos, los ingobernables, los rebeldes de siempre.
No hay voz, solamente música, así que aparentemente no hay un mensaje implícito. Ves lo que sientes: una fuerte carga energética  que se hace estallar entre luces y estridencia pública.
El título de la canción es lo que desconcierta: “Suicidio y Redención”. Mientras redención significa “pagar el rescate”, o sea, aceptar un sufrimiento para beneficiar la vida, el suicidio, en cambio, significa rendición, esto es, privilegiar la muerte. Pero sin saber realmente las motivaciones que llevaron a la elección del título para esta pieza, la energía contenida en formato musical parece querer quedarse.

martes, 4 de enero de 2011

Lamento


Si tuviera piel de gato podría caminar en silencio todo el día, guardar la voz para ahogarla en maullidos y de noche jugar a los fantasmas. Si mirar desde el tejado te sostiene, amaría esa detenida altura, y entonces, podría subir con pasos de felina, asirme a las bardas, enredar un pájaro y dejar caer sus plumas a que vuelen juguetonas en tu mirada. Señor del tejado, también aprendería a lamer tus sueños a no ser porque devoraste mis alas. 

                                                                          Escrito por Beatríz Cerecero